La coloración sintética abre la cutícula del cabello para introducir los colorantes en el interior de la corteza, donde se fijan mediante una reacción química y modifican el color natural del cabello.
Al abrirse, la cutícula queda alterada y debilitada, dejando el pelo más expuesto a las agresiones externas y más vulnerable a la deshidratación, el frizz y la pérdida de vitalidad.
El color queda fijado en el interior de la fibra capilar, por lo que el crecimiento del cabello genera el conocido efecto raíz y requiere nuevas aplicaciones para mantener el color.
En el caso de la decoloración, el proceso es aún más agresivo, ya que degrada la melanina natural del cabello, incluida la eumelanina.